Después de haber participado en la conmemoración de los 100 años de la Coronación Canónica de la Virgen de El Valle, Patrona de Oriente, junto a toda la querida familia del Saime insular, regreso a mis compromisos laborales en Caracas, recargado de gentilicio margariteño en mente y espíritu.
Cuando se tienen responsabilidades públicas y observamos que el pueblo devoto pone sus esperanzas en esa Imagen Divina, se impone reflexionar y ver bien dónde estamos parados pues es el pueblo quien siempre tiene razón, aunque se equivoque… A partir de esa premisa, y en medio de la Felicidad (con mayúscula) vivida en El Valle, renuevo mi compromiso de trabajar para ayudar a consolidar el bienestar para con todos. Sin embargo, siempre hay un pero.
En nuestro país pululan pesimistas de oficio. Son aquellas personas que se benefician económicamente con la práctica de asustar a los miembros de comunidades usando el bajo recurso de la mentira. Mentir desde la multiplicidad de medios que están al servicio de la mala onda nacional. Son sujetos divisionistas, destructores, de prácticas egoístas, extremadamente materialistas -siempre a favor de ellos- y que fueron quienes pronosticaron todo tipo de desastres que nunca ocurrieron.
Y aún persisten con sus consignas desestabilizadoras que se acrecentarán en la medida que se acerquen los comicios. Su credibilidad es baja pero, aun así, algunos fanáticos los escuchan y amplifican esas apreciaciones apocalípticas, por suerte, nunca acaecidas.
¿Qué hacer? Pues sencillamente predicar con el ejemplo, ser autocríticos.
En estos días el propio Presidente lo ha sido al reconocer que el “problema eléctrico ha desbordado al gobierno”. Sólo reconociendo que existe un problema es posible solucionarlo. El fenómeno político venezolano no es exclusivo, está ocurriendo en casi todos los países latinoamericanos especialmente en aquellos donde hay ejecutivos con base popular.
El presente de la humanidad está dominado por la cultura de la urgencia y, mientras el espacio se amplía, el tiempo se comprime. En tanto que nuestra relación con el futuro colectivo no siempre es de improvisación sino de esperanza y de proyectos.
Y es así como estamos accionando en el Saime. Consignas claras para todos: Prohibido Improvisar.
Primero: pensar; después: actuar. Los cambios imprevistos desorientan a la gente y entonces aparecen las dudas y la pérdida de confianza. Los resultados obtenidos han sido excelentes.
Da la sensación de que el corre-corre impide asimilar cómo se está atendiendo el futuro. La aceleración del tiempo social dificulta su percepción y anticipación. Como jóvenes, debemos considerarlo como un espacio de acción algo más que “interesante”.
Hay que desarrollar la interdependencia de las generaciones y la ampliación del contrato social de obligaciones entre nosotros los contemporáneos y nuestros descendientes dándoles prioridad a nuestros niños primero.
Pero esta vez, vi un Pueblo de Fe, blindado de pesimismos artificiales.
Y es que son miles de margariteños, como yo, que tenemos solo el cielo como límite. Que nos sentimos libres, con energía, ingenio, sentido común y ejemplos convincentes de vida.
Sigamos juntos.
¡Nuestro límite sigue siendo el cielo!
DANTE RIVAS
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